Escrito por: Kim Gordon, Princeton-in-Latin America Fellow, Comunidad Connect 2015

Cuando me di cuenta de que mi beca para la pasantía con Comunidad Connect cubriría dos vuelos a Atlanta, hice mi meta personal llevar a mi colega Nicaragüense, Nerys Blandon, a los Estados Unidos.

Nerys es una líder increíble, haciendo todo con pasión y fuerza. Sin embargo, todo le da miedo, todito. Siempre me contaba de las pesadillas del día anterior en una manera graciosa pero seria: la amenaza de enfermedades, peligros, animales bravos, lluvia, y tormentas. Por eso, yo sabía que su reacción a la propuesta de viajar a los Estados Unidos sería “¡¡NOOOO, KEEEM, NOOO!!” Pero también sabía que ella quería decir, “¡¿Tal vez, Keem, no lo sé, puede ser?!”Yo le dije que sería una oportunidad profesional e inolvidable, y que no podemos crecer si estamos demasiadas cómodas. Ya era hora de sentirse incómoda. No importaba que nunca haya salido más allá de Jinotega en su vida.

 

 

Nerys, Kim, and Sustainable Tourism Program Manager Alicia Harvey at work in Los Robles

Nerys, Kim, and Sustainable Tourism Program Manager Alicia Harvey at work in Los Robles

Empezamos a dar un montón de vueltas intentando arreglar todos los documentos necesarios para conseguir un pasaporte para Nerys. Tuvimos que componer su partida de nacimiento para que correspondiera perfectamente a su cedula. Ella tuvo que pagar por su certificado de matrimonio y luego la multa por no haberlo hecho antes. Al final, cuando llegamos a la oficina de migraciones con todos los documentos y recibos, el representante nos saludó y dijo, “Felicidades, ahora usted puede sacar la foto.” Buenisisisismo, pensé. Nos guió a la maquina vieja para sacar la foto, y de repente se fueron las luces y se apagó la máquina. “Uuuu qué lástima. Están reparando un poste cerca del hospital. Van a tener que volver otro día.” Pues, buenos tiempos. Al final, Nerys logró conseguir su pasaporte, y unas semanas después, su visa.

Rápido pasó el tiempo y llegamos al día cuando Nerys facturó una maleta pequeña que llevaba nuevos zapatos y un par de pijamas, y abordó un vuelo hacia Atlanta. Con nosotras viajaron colegas de Comunidad Connect. Todos sentimos la emoción y tensión mientras explicamos las experiencias nuevas que pasaban: la subida, la presentación de seguridad, y un poco de turbulencia.

Nerys lo pasó súper bien. Platicó con una mujer Nica sentada a su lado que ya había viajado a los Estados Unidos varias veces. Nerys ni siquiera masticó el chicle que le di para el ajuste de presión. En la mañana estuvimos riéndonos sobre la posibilidad de que ella se desmayara en el vuelo pero ella se encontró tranquila.

 

Nerys, Kim (in the row behind!), and CC board member Brandon Pittman on the plane from Managua to Atlanta

Nerys, Kim (in the row behind!), and CC board member Brandon Pittman on the plane from Managua to Atlanta

En la aduana de Atlanta, Jon sugirió que yo acompañara a Nerys en la fila de extranjeros para que ella no se sintiera incómoda. “¡Estoy enferma! Me da mucha pena,” ella dijoMe di cuenta de que ella estaba muy, muy nerviosa. Después de más de una hora en la fila, nos acercamos al agente vestido de uniforme oficial y cansado de la cantidad de preguntas de esa fila larguísima.

“Buenas tardes, yo voy a traducir para mi amiga porque no habla nada de inglés.”

“¿Por qué está aquí entonces?”

“Emmm….fue invitada por la Universidad de Emory para hablar de su trabajo en el desarrollo comunitario y salud preventiva. Aquí tenemos la carta de invitación. Emory es el donante más importante de nuestro consultorio médico en Nicaragua y ella es la encargada que recibe a todos los voluntarios que llegan a su comunidad.”

“Ah, qué interesante. ¿Es como la alcaldesa de la zona?”

“Sí, casi. Es una líder especial.”

Tal vez el señor imaginó a Nerys como una princesa indígena en un terreno ajeno. Él se quedó impresionado y nos regaló a ambas entrada a los Estados Unidos. A partir de ese momento, la aventura se volvió más y más divertida. Todo fue nuevo para la Nerys: los ascensores, las escaleras mecánicas, aire acondicionado, mangueras automáticas, trenes, y puertas rotativas iniciaron buenas conversaciones. Una vez ella preguntó si un edificio nuevecito fue pintado con nubes o si fue un reflejo del cielo.

Nerys se presentó con estudiantes en Emory, en otras universidades, en una escuela primaria, y en eventos para recaudar fondos. En cada presentación ella fue la invitada más esperada. Ella hablaba de lo que le apasiona y de lo que ha logrado en esta vida y yo traduje todo al inglés.  Fue un privilegio y un tiempo emocionante para ambas nosotras. Me sentí asistente de la presidenta Nicaragüense o una delegada a las Naciones Unidas.

 

 

Nerys and Kim on the campus of Emory University in Atlanta

Nerys and Kim on the campus of Emory University in Atlanta

En eventos sociales Nerys se sintió muy confiada y cómoda. Cuando se acercaba alguien, yo le susurraría a Nerys: “Ése es Andy, el doctor de Emory que llegó a Nicaragua en Enero. Trabajó en la alcantarilla.” Al llegar, Nerys le dijo al doctor: “¡Andy, qué bonito volverlo a ver! El proyecto de la alcantarilla fue importantísimo para mi comunidad.”

En la casa donde se crió Jon Thompson, el fundador de Comunidad Connect, aprendimos más de su historia familiar y luego discutimos parejas, familias, y varias maneras de criar a niños. Cuando presentamos en una escuela privada Nerys fue impresionada por las mochilas colgadas con clavos (una idea que después ella llevó a Los Robles), la abundancia de materiales, las manualidades, y los niños que eran sumamente respetuosos. A pesar de su trabajo en las casas más humildes de Los Robles, Nerys se sentía incómoda cuando entramos a una casa para la gente sin hogar. Hablamos de las diferencias entre la pobreza urbana y la rural con una de nuestras anfitrionas de Emory.

Empezamos a sentirnos más cercanas durante la aventura. Cuando el anfitrión que iba a darnos ride no se acordó de dónde estacionó su camioneta, caminamos más de media hora buscandola. Fue un tour imprevisto de Atlanta. “Pobrecito,” se rió Nerys, “¡tal vez los gringos le robaron!”

Nerys in downtown Altanta

Nerys in downtown Altanta

Una conversación muy especial para mí ocurrió después de un tour del centro de CNN, donde se preparan y se producen las noticias internacionales. Tomamos la escalera mecánica para subir 8 pisos y miramos el patio de comida, un espacio enorme y brillante. “Estamos aquí en el centro de CNN y la gente en Los Robles está ordeñando vacas,” gritó Nerys con incredulidad. Yo respondí, “¡pienso igual! Son dos mundos tan diferentes pero los dos existen a la misma vez.” En ese momento nos volvimos dos mochileras, amigas de la vida.

Nunca voy a olvidarme de las mañanas que pasamos en el cuarto de Nerys susurrando (para no molestar a la gente según ella) de lo que íbamos a hacer, si íbamos a tomar un cafecito, y de los paisajes hermosos en Atlanta. O de la noche cuando ella se acostó con las luces encendidas porque los botones diferentes le confundieron. Esa vez cuando aflojamos los pantalones después de una comida mexicana pesada. Cuando compartimos ropa y nos alistamos para eventos. Cuando vimos los cuerpos en el laboratorio de cadáveres en la Universidad de Georgia State. A veces me sentía agotada por haber traducido todo el día y haber participado en cada conversación dos veces (una vez en inglés y otra en español). Pero no tengo ninguna queja. Compartir una experiencia tan conmovedora con una mujer como Nerys lo valió todo.

 

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